Hannah, ¡Mira! son días soleados

A tí te gustaban mucho los días soleados, te tirabas siempre de costado, en el piso, cerquita de la ventana, a disfrutar cualquier ratito de sol que se asomara y mientras, a mi, a mi me gustaba verte sonreír ahi... 

Los días que rondaron al 25 de febrero, cuando me regalaste tu último suspiro, fueron muy muy bonitos: estaban soleados, tibios, despejados y con un viento muy particular. Incluso aquel último jueves de febrero fue un día bellísimo, amarillo con nubes blancas y gordas decorando el cielo azul. Me dio paz que te fueras en un día así, alguien tan maravilloso como tú no merecía menos.

Cuando iba de camino al velatorio, contigo otra vez dentro de una cajita sostenida en mis brazos, el 25 de febrero se me pareció mucho a ese viernes de mediados de noviembre de 2005 en que te recibí por primera vez en tu cajita de leche Lala, sonríete, tímida, emocionada. De camino por los carriles centrales de Río Churubusco entonces me di cuenta que los dos fueron días hermosos, uno más frío que el otro, el segundo mucho más triste que el primero. Y que los dos cambiaran mi vida para siempre. ;(

Yo creo que la naturaleza es testigo y confidente de nuestras aventuras y, en ese atestiguar, también nos habla y nos muestras cosas. Por eso estoy segura de que el que ambos hayan sido días tan bonitos fue ella contándole al mundo lo bonito que fue la vida a tu lado.

Hoy ya es marzo, sigo sin poder darle la vuelta al calendario en mi pared y los días se han vuelto grises, incluso esta lloviendo. Es el fin del invierno y las jacarandas comienzan a pintar el cielo y el piso de morado.

La Zuppa y yo nos detenemos cada vez que salimos a dar la vuelta a recogerte algunas de las flores que las jacarandas dejan caer. Pienso que te hubieran gustado mucho…

Sonrío luego con el puñito de flores cuando llego a casa pensando que tú, quizá, solo te las hubieras comido como todas las demás.

Te extraño… y solo la luna en el cielo logra aliviar mi tristeza haciéndome pensar que es tu carita sonríete la que miro allí arriba, en ese astro redondo, lleno, grande y hermoso que hoy ilumina mi soledad, como lo hacías tú cuando estabas por acá.

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