Un marco de fotos vacío para Hannah

Te extraño, Hannhi 🖤

Llevo 2 días rebuscando mis archivos de fotos digitales intentando encontrar las suficientes como para ilustrar nuestra vida juntas.

Mis esfuerzos son en vano y en vez de hallar consuelo, solo siento frustración, (aunque de vez en cuando las imágenes archivadas en la nube logren jalarme una sonrisa entre lagrimas).

“Debiste haber tomado más fotos” es lo que me recrimino ahora a mi misma; pero la verdad es que no te gustaba mucho que te tomara fotos, costaba trabajo atraparte entre los brazos y que miras a la cámara. En la mayoría de fotos que tengo sales enojada o te agarré de imprevisto o apareces en el fondo como una constante en mi vida que no necesitaba ser capturada por un instrumento fotográfico para decirme cuánto disfrutaba estar ahí para mi.

Solo hay un par en las que me regalaste una sonrisa y esas son sin duda un tesoro.

Por eso ahora, en mi mente, dan vuelta fotos sin memoria y memorias sin fotos. Son tantas más las segundas que las primeras que quisiera poder tener una impresora digital en la cabeza para poder imprimirte todita, para poder imprimir lo que siento en mi corazón y quizá así lograr extrañarte un poquito menos.

Lo que intento en realidad es capturar nuestra historia, nuestras memorias, nuestra vida en pedazos de papel porque me da miedo olvidarla. Hoy, hace apenas tres días que te fuiste…y hace solo cuatro que te sostuve en mis brazos y siete que nos tomé la ultima foto juntas… pero me aterra pensar que más pronto de lo que pueda darme cuenta habrá pasado una semana de eso y quince días y luego un mes y otros seis más y pronto un año y luego 15 años… y me da mucho temor que te me desvanezcas en el tiempo. Que se me escapen entre la cotidianidad tu ternura y tus travesuras… que te me pierdas entre las nebulosas de la memoria y yo me pierda así contigo… me da miedo un día dejar de extrañarte.

Así que te compré un marco, el más grande que encontré: 16 fotos de 10 x 10 cm le caben para atraparte todita. Aún no me decido cuales de las poquitas voy poner, me resulta limitado ese número para elegir todos mis recuerdos favoritos de tí. ¿Será que escoja la foto donde estabas tomándote el agua del árbol de Navidad? ¿O mejor en la que estás tomando el sol en medio de la sala? Creo que me gusta más aquella en la que estás con Zuppa y Olaf en la cama o, mejor, en la que te logré atrapar y salimos juntas en el sillón.

Pero me faltan muchos recuerdos que no ilustré: me falta cuando te subías a mi cajón de calcetines y los desacomodabas todos para dormite en ello, o cuando te metías a la regadera después de que yo me bañaba, porque tenías calor. Me falta también cuando tirabas mi toalla para hacerte bolita o cuando te enojaste porque entró una ardilla a la casa y se tomó tu agüita. No tengo foto tampoco de cuando te comías mis flores, papeles, agujetas… ¡cabello! No tampoco de cuando te sentabas en mi tapete de yoga y no me dejabas hacer mis posturas. Una última que me falta es en tu caja dormida, entre todo el papel de China rosa que te robaste de mi cuarto… Y es que ahora me faltan tantas fotos, porque me faltas tú.

Qué más quisiera capturar la vida todita – con sus risas y tristezas- en papel (o en la nube, como se prefiera), pero no se puede. Esa clase de imágenes solo las atesora el corazón: es el único que tiene memoria, precisión y resolución suficiente para hacerlo apropiadamente.

Entonces, lo que me lleva a pesar toda esta reflexión es que, en realidad, me falta confianza en mí misma, en nosotras, en Dios. Confianza en saber que mi amor por ti, que nuestra amistad y que ese Dios fiel que tenemos ambas son suficientes como para guardarte por siempre en mi corazón y no dejarte escapar nunca. En otras ocasiones la vida me ha enseñado que no se puede olvidar a alguien que formó parte crucial de nuestras vidas porque aunque ya no esté esa persona físicamente aquí los detalles de todo lo compartido están tejidos en nuestra piel, en nuestra mente, en nuestra forma de ser, en nuestro día a día y simplemente no se pueden arrancar ahí: son parte de quien somos y negar que existieron es negarse también a uno mismo. Así que contigo, pequeñita, no tendría por qué ser diferente.

Todavía tengo miedo y me dejo engañar por mi mente que se aferra a esta tristeza como si fuera lo único que me quedara de tí… sé que eso es falso, nuestra vida juntas estuvo más bien llena de alegrías. Es solo que todavía duele mucho tu partida y uno también tiene que darle tiempo al corazón para que disipe el dolor y comience a desvelar esos recuerdos, entrelazándolas con el presente en una película donde nuestra historia nunca se detuvo.

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