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Hannah

Nuestra historia, pequeñita, es una historia de amor. 💜

Llegaste un viernes a casa, hace más o menos 15 años. Eran casi mediados de noviembre de 2005. Tú no me conocías a mi, ni yo a ti; alguien más grande que ambas eligió unir nuestros destinos. Y por ello, le estaré siempre agradecida.

Estaba en tercer semestre de la licenciatura en el Colmex y la gatita de mi amiga @soffia había tenido gatitos. Fue un martes -creo- cuando se me acercó en la cafetería y me dijo que quería hacerme un regalo de cumpleaños muy especial: una gatita que había nacido de la suya justo el mismo día que yo, el 4 de octubre.

Me emocioné muchísimo (debe ser una gatita muy especial si nació el mismo día que yo, pensé) y sin más le dije que sí. No me hizo falta ver foto tuya ni conocerte antes para saber que te iba a querer con todo mi corazón.

Acordamos entonces que iría a recogerte ese viernes (porque ese día no había clases) a la esquina de Eje 8 e Insurgentes, justo enfrente de “El Manacar”. Regresé a casa ese martes y compartí la noticia con mi mamá, abuela y tía (con quienes vivía entonces). Causé gran conmoción y revuelo: ¡Nunca antes había habido un gato en la familia! ¡Los gatos ni gustaban! ¡Quién lo iba a cuidar! No me importó… argumenté que eras mi regalo, que eras especial y que yo te iba a cuidar siempre. Accedí a sus reglas para tenerte y muy a disgusto de las tres, el viernes, me le escapé a mi abuela que intentaba detenerme, preguntando “¿cómo vas a ir sola por ella? ¿cómo la vas a traer?” – “en el trole” le contesté… y me fui…

Y así fue… te recibí de manos de Soffia en una cajita de leche Lala, con una camiseta como almohada y una bolsita de comida. Ella se subió rápido al auto y nos quedamos tú y yo juntas en la esquina. Nos conocimos apenas de un vistazo que pude dar al interior de la cajita (para no soltarte) y me cautivaron tus ojitos verdes. Mi corazón se llenó de una ternura inmensa que no había conocido antes.

Caminamos juntas de regreso a la parada del trole, esperamos en la fila como 15 minutos eternos para subir… y ya arriba, tú no dejabas de maullar (Nunca te gustaron los autos). Me preocupé mucho, porque la gente decía “trae un gato” y pensé que el choff del trole nos iba a bajar.

Nerviosa abrí la cajita para ver si estabas bien y tratar de calmarte… te encontré hecha bolita en una esquina, parecías un rollo de canela glaseado (de ahí tú nombre original, cinnamon roll, después nos gustó más Hannah, porque justo estaba preparando mi presentación un texto Hanna Arendt para la clase de Historia de las Ideas Políticas II, del profe Bizberg) mientras te contemplaba con asombro, levantaste mi carita, me viste, te sonreí, te dije “vamos a casa, chiquita” y tú, dejaste de maullar…

En ese momento nos enamoramos para siempre y nació una amistad que va a durar toda la vida.

Pasaron 15 largos años, bien rellenitos de acontecimientos y tú fuiste mi confidente, compañera, amiga todo ese tiempo. ¡Fuiste testigo de la mitad de mi vida! Te titulaste conmigo de la licenciatura, maestría y doctorado (porque estuviste ahí cada madrugada mientras escribía las tres tesis) y me estabas ayudando a hacer el proyecto del Postdoc, me viste crecer profesionalmente en la ONG, me ayudaste a empacar para mis viajes por el mundo, me consolaste cuando murió Ama y enfermó Zuppa, me cuidaste cuando yo estuve enferma, oraste conmigo cuando estaba angustiada, viste todas las series y películas de Netflix posibles, soportaste mi música y mis enojos, me acompañaste en 4 mudanzas de casa, te probaste toda mi ropa y comiste mis ligas para el cabello, leíste conmigo mis Novelas favoritas, aprendimos a hacer yoga juntas, mil veces compre audífonos y cables del cel porque te los comiste, celebrabas las llegadas de las flores y del árbol de navidad conmigo, me abrazaste cuando me sentí sola, me escuchaste cuando necesitaba alguien con quien hablar y sobre todo, hiciste crecer mis formas de querer porque nunca antes había querido a una gatita, ni una gatita me había querido a mi…

Crecimos juntas y por ti, por todo el cariño que pusiste en mi, seguiré adelante. ¡Tu tarea aquí está lista!

Hace dos días fuiste llamada por tu creador y tu último regalo fue concederme el privilegio de abrazarte en tu partida.

Hoy, la casa se siente mucho más vacía sin ti. Hay un hueco en mi pancita donde te acostabas a ronronear y un espacio extraño arriba de mi almohada al que le faltas tú.

Entrar a mi cuarto se ha vuelto súper difícil porque ya no estás… y sé que esto es solo el comienzo de la falta que me vas a hacer en adelante.

Quizá es solo que ahora tengo que mirar al cielo y buscar más bien ahí (y no en mi cama) tus enormes ojos verdes que brillaban como la primera vez cada vez que se encontraban con los míos.

Confío en que pronto nos volveremos a ver y que será como aquella vez que te conocí en la esquina a de Eje 8 e Insurgentes, cerquita de donde fue tu último hogar.

2gether4ever, Hannhi 🖤